Agrupación Para la Defensa del Paciente Psíquico de Lanzarote

EXPERIENCIAS TRAUMÁTICAS

Publicado el martes, febrero 25, 2014

Desde muy antiguo sabemos que las vivencias influyen en las personas, y que vivencias extremas pueden provocar importante sufrimiento y malestar.

Los estudios de la reacción de las personas ante eventos traumáticos experimentan una elaboración científica sobre todo a partir de la 2ª Guerra mundial, con estudios tanto en los soldados por sus experiencias en el campo de batalla, como en los civiles y prisioneros de guerra. Se desarrollan conceptos como la neurosis de guerra, el shock traumático y la culpa del superviviente, que finalmente cristalizan en el concepto de trastorno por estrés post-traumático que actualmente manejamos.

Aunque las experiencias traumáticas que nos vienen a la mente suelen corresponder a grandes accidentes, guerras, ataques terroristas… fenómenos que vemos por la televisión y en las noticias, no debemos olvidar que no es necesaria la afectación a un gran número de personas para que exista un hecho traumático, sino que sucesos personales como accidentes, robos, agresiones sexuales provocan gran parte de dicha patología en nuestro medio, y también debemos recordar que no es necesaria la consumación de la tragedia para que la persona se sienta afectada, sino que la misma amenaza o peligro del suceso es en ocasiones suficiente para provocar malestar.

El tratamiento de los profesionales de la Salud Mental se centra, no en las reacciones normales, sino en la prolongación de los síntomas que impiden retornar al equilibrio previo que la persona poseía.

Para explicarlo un poco más: Todos experimentamos una reacción ante un hecho traumático (lesión, agresión, muerte de un ser querido) y en un primer momento existe una reacción de alarma, en la que predominan síntomas de ansiedad. Esto es normal (lo anormal sería que ante un accidente grave o una muerte en nuestro entorno no reaccionáramos en absoluto y siguiéramos como si no pasase nada). Dichos síntomas sólo deben tratarse en el caso de que su intensidad supere lo normal e incapacite de forma grave a la persona.

Sin embargo, si transcurrido un tiempo prudencial persisten síntomas incapacitantes, el recuerdo de lo sucedido se convierte en una obsesión e interfiere frecuentemente con el pensamiento, y la persona no es capaz de integrar esa experiencia en su vida y seguir adelante, es necesario consultar con un terapeuta experimentado y establecer una terapia que permita no el olvido completo de lo sucedido, sino el retomar la vida para seguir delante de una forma adecuada.

En nuestra sociedad actual la demanda es un poco la contraria: se pretende que las personas no modifiquen su rutina ante nada de lo que les pase e incluso los muchos individuos desean eliminar completamente el sufrimiento, (algo totalmente imposible) lo que hace que la gente consulte 1 ó 2 días después de algún hecho traumático, pretendiendo algún antídoto que les inmunice de sus sentimientos hacia lo sucedido. Sin embargo una vez transcurrido algún tiempo, y a pesar de seguir con problemas la persona siente una especie de “vergüenza” hacia su “debilidad” y pretende ocultar lo sucedido en lugar de buscar ayuda, lo que impide que pueda ser ayudada, esta vez sí con muchas posibilidades de éxito.

Espero que la educación sanitaria de nuestra sociedad vaya mejorando y permita emplear los escasos recursos disponibles de la forma en que puedan ser más efectivos.

Matías Ybarzabal
Psiquiatra