Agrupación Para la Defensa del Paciente Psíquico de Lanzarote

INMIGRACIÓN Y SALUD MENTAL

Publicado el martes, febrero 25, 2014

En estos días ha aumentado la cobertura que los medios de comunicación dedican a un problema conocido desde hace tiempo y sin visos de cambio: el incremento cada vez mayor del número de personas que abandonan sus países de origen para buscar un mejor lugar para vivir, aunque precisen arriesgar sus vidas para ello.

El fenómeno de las migraciones es tan antiguo como la humanidad. El ser humano siempre ha sido viajero y explorador y ha ocupado nuevas tierras, pero en este inicio del siglo XXI existen varios cambios importantes: por un lado el incremento del número de personas implicadas en estos movimientos, por otro el hecho de que España ha pasado de ser un país emisor a ser un país receptor en poco más de 30 años. De ser los españoles quienes viajábamos a Francia, Venezuela o Alemania, hemos pasado a recibir inmigrantes de muy diversas procedencias: Sudamericanos, magrebíes, subsaharianos, europeos del este…y si esto es cierto para el país en general es aún más llamativo en nuestra isla, cuya población se ha duplicado en poco tiempo, principalmente a expensas de la inmigración.

Aunque se puede enfocar el tema de la inmigración desde multitud de puntos de vista, voy a intentar en este breve espacio hablar un poco de cuestiones específicas que se plantean en el ámbito de la salud mental.

Los primeros enfoques hablaban de la población inmigrante como una población de mayor riesgo de padecer enfermedades mentales “per se”, posteriormente se pasó a la postura contraria: las personas enfermas se quedarían en su lugar de origen, y sólo aquellos en buenas condiciones emprendería la aventura del cambio de lugar. Hoy día se contempla una postura intermedia: la población no estaría formada por unas personas especialmente vulnerables, pero estarían sometidas a una serie de estresantes específicos que aumentarían la incidencia de trastornos.

Las principales patologías que se observan dentro de la población inmigrante son cuadros de tipo depresivo y ansioso. Los cuadros de tipo depresivo se relacionan con el concepto psiquiátrico de duelo, que se corresponde a los procesos emocionales que sufre una persona que ha perdido algo. El ejemplo más paradigmático es la pérdida de una persona querida cuando se produce la muerte de la misma. En el caso del inmigrante las pérdidas son múltiples (familia, país idioma, cultura, grupo de amigos….) lo que hace que el tratamiento y afrontamiento sean muy complejos.

Los cuadros de tipo ansioso se relacionan con la numerosa problemática de adaptación al nuevo entorno, clima, trabajo, cultura… con los problemas económicos, personales y sociales que todo ello conlleva.

Se ha llegado a definir incluso un cuadro específico, el llamado Síndrome de Ulises, en honor al caudillo griego de la Odisea Homérica que pasó 20 años fuera de su casa por la guerra de Troya y su accidentado viaje de vuelta.

Los inmigrantes sufren también importantes problemas a la hora de la consulta y el tratamiento pues los problemas de idioma y cultura complican aún más su situación. Si ya es complicado para los que vivimos aquí que el médico entienda nuestros problemas y malestares, imaginemos para alguien con un marco cultural completamente diferente.

Sin embargo, a pesar de las diferencias de origen, culturales y sociales, en el fondo subyace la misma experiencia humana, que desde hace siglos ha movido a las personas a dejar su tierra y familia en busca de un futuro mejor para ellos y para los suyos.

La capacidad de ser pacientes y ponernos en el lugar del otro ayudará a las personas que se han desplazado lejos de sus hogares, y convertirá nuestra sociedad en un lugar más rico, complejo y agradable para vivir