Agrupación Para la Defensa del Paciente Psíquico de Lanzarote

Programa De Rehabilitación De Habilidades Sociales Y Desarrollo De La Autonomía

Las relaciones sociales constituyen uno de los ámbitos más importantes de nuestras vidas. En cada ocasión que vivimos están presentes (con la familia, disfrutando del ocio, en el trabajo…) y raramente vamos a poder escapar de sus efectos. Tener buena calidad en las relaciones sociales, hace que aumente nuestra autoestima.

No existe un criterio absoluto de habilidad social ya que existen grandes problemas para definir una conducta socialmente habilidosa, pero podemos afirmar que toda habilidad social es un comportamiento o tipo de pensamiento que lleva a resolver una situación social de manera efectiva, es decir, aceptable para el propio sujeto y para el contexto social en el que está.

Las habilidades sociales han sido vistas como comportamientos o pensamientos que son instrumentales para resolver conflictos, situaciones y tareas sociales. Por lo tanto, las habilidades sociales junto a la autonomía personal y el desarrollo de conductas auto-reguladas, constituyen competencias fundamentales en el desarrollo de las personas. Son de gran importancia para su integración, a nivel general, en la sociedad, para su participación en la misma y para el desarrollo de una vida independiente.

La esquizofrenia es una enfermedad que tiene como uno de sus rasgos distintivos la presencia de déficit en el funcionamiento social e interpersonal, siendo estos elementos claves en su definición, además de constituir una fuente de estrés para quienes lo presentan y contribuir a las recaídas y exacerbaciones sintomatológicas (Liberman, 1993). Estos déficits son relativamente estables a lo largo del tiempo y sólo correlacionan modestamente con los positivos y negativos (Bellack et al., 1990). Por ello, a lo largo de estas dos últimas décadas, el entrenamiento en habilidades sociales ha sido una técnica central en los intentos de remediar el pobre funcionamiento social que suelen presentar los pacientes con esquizofrenia (Bellack y Mueser, 1993; Brady, 1984; Haldford y Hayes, 1992) y para potenciar sus recursos individuales de afrontamiento y la red de apoyo social; con el fin de atenuar o eliminar los estresores ambientales y personales que pueden desestabilizar el frágil equilibrio o vulnerabilidad subyacente (Bellack y Mueser, 1993; Liberman et al., 1985).
El presente programa Psico-educativo va dirigido a personas diagnosticadas de enfermedad mental que necesiten de una serie de recursos personales para hacer frente a diferentes elementos estresantes producidos por la actividad diaria, además de proporcionar unas habilidades sociales básicas.

Uno de sus principales fines, es el de dotar de diferentes herramientas comportamentales a la persona con enfermedad mental para poder reducir el estrés que puede implicar la interacción social y prevenir los brotes psicóticos ya que, es sabido que estos son mayores en ambientes percibidos como estresantes o peligrosos por la persona enferma (“Teoría de la vulnerabilidad Psicológica).

Se pretende que la persona con enfermedad mental recupere hábitos sociales, fomente sus relaciones interpersonales, eduque la utilización de su ocio y tiempo libre, estimule su autoestima, potencie su autonomía, incentive la creatividad y posea conocimientos que le permita conocer y acercarse a aspectos de la sociedad en la que vivimos.

La salud mental todavía es un ámbito desconocido desde el punto de vista de la pedagogía social y en el conjunto de la sociedad, donde a priori no se propician situaciones de integración de individuos que sufren enfermedades mentales, tales como esquizofrenia, trastorno de la personalidad, depresión, etc. Aun así Estudios como el Proyecto inteligencia Harvard (Megía Fernández, M. 2002) demuestran que el cociente de inteligencia se puede mejorar y aumentar con el aprendizaje.

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