Agrupación Para la Defensa del Paciente Psíquico de Lanzarote

La Familia

Hasta la implantación en nuestro país de la reforma psiquiátrica, la mayoría de las personas que eran diagnosticadas de enfermedades psicóticas, permanecían internadas en los HOSPITALES PSIQUIÁTRICOS durante larguísimos períodos de tiempo y, a veces, de por vida.

Esto producía un deterioro importante de los enfermos que, aislados del resto de la sociedad, iban adquiriendo hábitos y conductas patológicos por la rutina, la falta de motivaciones, la ausencia de estímulos, el contagio de comportamientos ritualizados de unos pacientes a otros aparte de las alteraciones psicomotrices síntomas de sus propias psicosis (estereotipias, catatonias, extravagancias etc.).

Al final, la propia hospitalización originaba tantos trastornos en los pacientes como las mismas enfermedades mentales, llegando a un estado irreversible de pérdida de habilidad para las actividades de la vida diaria y de la convivencia social.

Se vio así que la INSTITUCIONALIZACIÓN no era un buen modo de tratar las enfermedades mentales pues suponía una marginación generalmente irreversible.
Por eso, la llamada REFORMA DE LA ASISTENCIA PSIQUIÁTRICA quería que las hospitalizaciones de los enfermos psicóticos fueran siempre lo más breves posible y únicamente durante fases muy agudas de su enfermedad. El resto del tiempo, había que lograr que los pacientes se mantuvieran en el seno de la sociedad y no apartados de ella.
Para ello había que cerrar los Hospitales Psiquiátricos y hacer los ingresos en Unidades de Psiquiatría ubicadas dentro de los hospitales generales (como otra especialidad médica cualquiera. Estas Unidades se llamarían UNIDADES DE INTERNAMIENTO BREVE PSIQUIÁTRICO.

Lógicamente, había que crear recursos que atendieran a los pacientes fuera de los hospitales, en la comunidad. Estos recursos son UNIDADES DE SALUD MENTAL, HOSPITALES DE DÍA, recursos de rehabilitación (TALLERES OCUPACIONALES…) y recursos de ALOJAMIENTO ALTERNATIVOS.

Posiblemente, aunque todos los recursos descritos existieran y estuvieran funcionando, habría algunos enfermos psiquiátricos que, por las especiales características y gravedad de su enfermedad, seguirían necesitando de UNIDADES DE LARGA ESTANCIA.
Todo esto ha traído consigo que muchos pacientes psiquiátricos de los que antes se hubieran internado en los Hospitales Psiquiátricos, permanecen ahora en situación de alta, a veces con síntomas crónicos de sus enfermedades y siempre con alteraciones de conducta que repercuten directamente en los que tienen mas cerca: LA FAMILIA DEL ENFERMO PSIQUIÁTRICO.

La reforma psiquiátrica se ha puesto en marcha hace muchos años pero, en nuestro país, aún falta mucho para que existan los recursos alternativos que se habían ofrecido de modo que la mayor carga derivada de las enfermedades mentales recae, aparte de en los propios pacientes, en sus familiares y convivientes.

Por eso, LA FAMILIA DEL ENFERMO PSIQUIATRICO ES EL GRAN HEROE DE LA REFORMA PSIQUIATRICA y hay que proveerla de ayuda y apoyo para que pueda afrontar la carga que supone la lucha diaria contra la enfermedad mental de su familiar.

LAS ASOCIACIONES DE FAMILIARES DE ENFERMOS PSÍQUICOS tienen pues los siguientes objetivos:

  • 1. -Agrupar a las familias para intercambiar información, ánimo y apoyo de todo tipo (psicológico, social, económico… etc.)
  • 2. -“Salir a la calle”, informar al resto de la sociedad que cualquier familia puede ser la próxima donde se declare un nuevo enfermo psíquico y que, por lo tanto, TODOS estamos implicados en esta batalla por mejorar la salud mental y prevenir la enfermedad mental. Es necesario acabar con tabúes viejos y erróneos, con segregaciones y marginación. Buscar la solidaridad de todos en la aceptación de estos enfermos en nuestra sociedad.
  • 3. -Contactar con los EQUIPOS DE SALUD MENTAL COMUNITARIOS y con los SERVICIOS SOCIALES y trabajar junto con ellos en los programas de prevención, tratamiento y rehabilitación.
  • 4. -Exigir a la Administración Pública, a los gobiernos de los países, las comunidades autónomas, los cabildos insulares y los ayuntamientos, que promuevan la creación de los recursos necesarios a los que se ha comprometido al aceptar el reto de la Reforma Psiquiátrica.