Agrupación Para la Defensa del Paciente Psíquico de Lanzarote

LA FOBIA DE IMPULSIÓN

Publicado el martes, febrero 25, 2014

¡¡¡Vaya nombrecito!!.

A veces parece que los psicólogos y los psiquiatras le ponemos nombres raros y complicados incluso a acontecimientos simples y de la vida diaria.

Efectivamente. La “Fobia de Impulsión” es un hecho que se repite con mucha frecuencia y que, a quién lo tiene, le produce una importante angustia y a veces un terror inmenso.

Un ejemplo: “Se trata de una mujer joven, que ha tenido un hijito hace unos días. Está con el niño que no sabe dónde ponerlo, de tanto que quiere cuidarlo. Un día, bañándolo, de pronto y sin saber porqué, le pasa la idea por la cabeza de tirar al niño al suelo o tirarlo por la ventana. Deja de bañar al niño, corre a consultar con su madre. Ella la tranquiliza diciendo que son tonterías. Ella vuelve al día siguiente a intentar bañar al niño, pero… la idea aparece de nuevo incapacitándola y aterrándola. Por fin, acuden al psiquiatra con una pregunta y un temor: “¿Me estaré volviendo loca? ¿Cómo se me pueden pasar estas ideas por la cabeza?”…

En realidad, lo que ocurre es un exceso de celo, de cuidado, de sentimiento de responsabilidad en una persona insegura de sí misma.

Es tanto el afán de cuidar a su niño, es tanta la responsabilidad que supone disponer de su niño, desvalido, indefenso, que la madre tiene de pronto una duda: “¿Y si de pronto yo perdiera el control de mí misma e hiciera cualquier barbaridad?”.

Este problema, es muy frecuente en casos en los que la responsabilidad ante una circunstancia es mayor que la seguridad en uno mismo de que dispone la persona.

La idea, solo por el hecho de haber venido a nuestro pensamiento, crea un gran rechazo y un gran temor (FOBIA) y se genera un círculo vicioso donde, cuanta más fuerza hago para no pensarlo, más frecuentemente vuelve la idea a mi cabeza.

La persona afectada suele recurrir a EVITAR enfrentarse a las situaciones que le han provocado la fobia (por ejemplo, la madre que describíamos antes, deja de bañar a su hijo).

El cuadro está dominado por el temor intenso a perder el control de sí mismo.

No hay que preocuparse excesivamente: nadie se está volviendo loco.

No hay que huir de la situación que se cree que ha provocado la idea, porque esto no es cierto.

Al contrario, conviene repetir una y otra vez la acción hasta demostrarse a sí mismo que no se pierde el control, que todo era cuestión de miedo, y que este miedo, como otros muchos, es un miedo absurdo.

Poco a poco nuestra seguridad aumentará, iremos perdiendo el miedo y lograremos “bañar a nuestro niño” con todo el cuidado y el amor que él necesita.

Hasta la semana próxima. Un abrazo amigos.
Julio Santiago