Agrupación Para la Defensa del Paciente Psíquico de Lanzarote

LA INCAPACITACIÓN

Publicado el martes, febrero 25, 2014

Las personas con enfermedades mentales sufren en ocasiones una serie de trastornos tanto del pensamiento como de la conducta que les impiden gobernarse de manera correcta por sí mismas. Cuando dichos trastornos se producen de una forma repetida y/o tan grave que llevan a que el paciente se encuentre en una situación de desprotección, existe la posibilidad de proceder a su incapacitación.

Este es un concepto jurídico y, lo primero que debemos de tener claro es que el médico nunca toma dicha decisión. La decisión corresponde al juez quien, después de una vista jurídica con las debidas garantías (el paciente tiene derecho a ser escuchado y a ser defendido por un abogado) y tras recibir los informes de los médicos que considere oportunos, emitirá sentencia en el sentido que considere más indicado.

Al ser una medida de tipo jurídico, las consecuencias se producen también en dicho ámbito, es decir, un paciente incapacitado tiene restringida la capacidad de obrar en el ámbito legal, sobre todo en aquellas situaciones que tengan que ver con procedimientos legales o jurídicos como puedan ser juicios, herencias, ventas, votación en elecciones…

La razón para incapacitar a alguien consiste fundamentalmente en proteger sus intereses, algo que se piensa que el propio paciente no va a ser capaz de realizar.

Una vez incapacitado, el juzgado debe escoger a una persona que actúe como tutor y será esta quien de aquí en adelante actúe según considere mejor para defender los intereses del incapacitado. Ejercer como tutor de un paciente supone una responsabilidad muy importante, tanto por la dedicación que requiere como por la necesidad de que dicha persona no se aproveche de su cargo para beneficiarse.

La esperanza de que el paciente mejore y sea capaz de valerse por si mismo y la complicación de iniciar el trámite jurídico, llevan a que la incapacitación sea un procedimiento infrecuente en nuestro medio, pero no debemos olvidar que es una medida más para ayudar a nuestros enfermos y no un intento de “anular” al paciente.

En muchas ocasiones, a pesar de los avances de la medicina moderna, la gravedad de la enfermedad mental es tal que no nos queda otra solución y debemos emplear este procedimiento para facilitar un futuro mejor a la persona cuyas facultades se encuentran alteradas.

Matías Ybarzabal
PSIQUIATRA