Agrupación Para la Defensa del Paciente Psíquico de Lanzarote

LA REACCIÓN DE DUELO

Publicado el martes, febrero 25, 2014

Cuando una persona pierde algo o a alguien que le era muy estimado y necesario (por ejemplo, por fallecimiento de un ser querido), entra en un ESTADO DEPRESIVO. Esto es lo normal. Lo anormal sería que no se deprimiera. Por eso, este tipo de depresiones que se producen como consecuencia de un trauma, estrés o frustración grande, no son, en realidad, trastornos ni enfermedades psíquicas, sino respuestas NORMALES, comprensibles, del ser humano.

Una duración más o menos larga de este estado depresivo, depende del modo de ser de cada persona, de lo que ha representado para ella la pérdida ocurrida, de lo que quería a aquel o aquello que ahora le falta, de lo sensible o afectiva que sea la persona…etc

Así, no se puede decir cuanto debe durar un estado depresivo después de una pérdida para que sea normal y desde cuando empieza a no ser normal.

Sin embargo, hay casos en los que todos estamos de acuerdo en que aquello no es normal: por ejemplo (lo digo con todo respeto) el de una viuda que sigue con un estado de depresión invalidante 20 años después del fallecimiento de su esposo. Es lo que se llama REACCIÓN DE DUELO O DE PÉRDIDA y también Trastorno Adaptativo.

¿Porqué pasa esto? ¿Porqué , ante el mismo acontecimiento, unas personas se recuperan pronto y otras no terminan de hacerlo? ¿ Es que unas quieren mucho a su familiar perdido y otras no lo querían nada?… NO. NO ES SOLO ESO, NO ES TAN FÁCIL LA COSA.

El ser humano normal, tiene una mecanismos de compensación que le van permitiendo ADAPTARSE a la realidad. Esto ha permitido que nuestra especie prospere y hoy sea la especie dominante del planeta. Estos mecanismos son BUENOS Y NECESARIOS PARA SOBREVIVIR. Ya lo decía el filósofo: “Adaptarse, o morir”.

Al tratar de animar a alguien que ha perdido un ser querido, hay veces que el deprimido se resiste a salir de su depresión. Dice : -“Nunca podré olvidarle” Y, efectivamente, nadie trata de decir que tenga que olvidarle. No es cuestión de olvidar sino de ACEPTAR la ley de vida de que nada es eterno ni infinito. Se trata de buscar, no distracción para divertirse sino serenidad para llegar de nuevo a un estado de paz interior que nos permita seguir viviendo a pesar de la pérdida sufrida.

Hay algunas personas que SE NIEGAN a aceptar. Es como si estuvieran en un estado de enfado (de “cabreo”) contra todo y contra todos. Contra la vida, contra Dios, contra el médico que atendió al enfermo, contra el vecino porque -“a él no le ha pasado esta desgracia que me tocó a mí”…

Este estado de crispación, puede mantener la depresión tiempo y tiempo sin fin.

A veces nos da la sensación de que, haciendo un esfuerzo para adaptarnos a la realidad y buscar la serenidad, le estamos haciendo una traición al que se nos murió.

Y no es eso.

Si quién nos falta nos quería de verdad, donde quiera que esté, estará deseando nuestro bien, nuestra paz interior, no nuestra rabia, amargura, crispación…

Puede parecer increíble, pero a veces en esos estados de depresión patológica, hay un fondo de culpabilidad más o menos inconsciente o inconfesable de una persona que no quería del todo bien al que se murió (o que se lo cree ella o él), y esa sensación de culpa se vuelca contra los demás y contra las circunstancias impidiendo a la persona retornar a la serenidad.

Es triste, pero, la vida es así. Tarde o temprano, nos faltará aquello o aquel a quién tanto queríamos y tanto necesitábamos. No nos quedará más remedio que elaborar nuevos esquemas, poner en marcha nuevos recursos para poder sobrevivir. Nos faltará la fuerza y la gana de hacerlo. Preferiríamos morir también nosotros…….pero…. esperemos. Démonos tiempo. Tras un período difícil, la paz volverá a nosotros si nosotros la dejamos que vuelva. Y, entonces, recordaremos a nuestro ser querido, llenos de serenidad y viviremos, de nuevo, en paz interior: podremos recuperar nuestra SALUD MENTAL PERDIDA.

Julio Santiago
PSIQUIATRA