Agrupación Para la Defensa del Paciente Psíquico de Lanzarote

TRASTORNOS DE CONDUCTA EN LA INFANCIA

Publicado el martes, febrero 25, 2014

Uno de los motivos de consulta más frecuentes en niños en salud mental es el TRASTORNO POR DÉFICIT DE ATENCIÓN E HIPERACTIVIDAD (TADH).

Como su propio nombre indica, los niños que lo padecen presentan una incapacidad para mantener su atención centrada en una sola cosa, cambiando tan a menudo su interés que no pueden terminar ninguna de las tareas que empiezan o de permanecer quietos en un sitio. En algunas ocasiones es más importante la distracción continua, que les hace incapaces de concentrarse, otras veces la actividad frenética es lo más llamativo. Estos niños son generalmente considerados traviesos o desobedientes, no respetando la autoridad de los padres, con problemas con profesores y compañeros y con un bajo rendimiento escolar.

Existe para este trastorno un tratamiento farmacológico, que unido a una serie de normas y medidas conductuales, tanto para el niño, como para los padres (que son quienes deben procurar aplicarlas en el medio familiar), permiten mejorías que en ocasiones son espectaculares.
Pero… ¡Cuidado!, porque supongo que al leer el inicio de este artículo casi todos aquellos que tienen niños pequeños en la casa se han sentido identificados y han pensado ¡eso le pasa a mi hijo! No hay que precipitarse. Los niños son activos e inquietos por naturaleza, se encuentran en una etapa vital de exploración y aprendizaje, donde van adquiriendo día a día nuevas capacidades que intentan poner a prueba y emplear.

El TADH es una entidad clínica donde la intensidad de los síntomas es mucho mayor de la normal. Su diagnóstico debe hacerse por un profesional, aunque los problemas repetidos en el colegio y la incapacidad para concentrarse y relajarse incluso en el tiempo de ocio son signos de alarma.
Por poner un ejemplo: la mayoría de los niños tendrán dificultades para concentrarse y estarse quietos mientras hacen los deberes de matemáticas (NORMAL), pero un niño que sea incapaz de estarse quieto más allá de unos minutos incluso viendo una película de dibujos animados sugiere un posible TADH.

La educación en un niño normal debe incluir medidas para que obedezca y realice las tareas de su responsabilidad. Normas conductuales del tipo clásico (castigos y recompensas) que deben ser establecidos fundamentalmente por los padres en el medio familiar. A veces tras ver la mejora experimentada por un niño con TADH tras su tratamiento, los padres de algún vecino o familiar acuden a la consulta solicitando tratamiento para su hijo. Pero en el caso de un niño que no sufra dicho trastorno no resulta efectivo en absoluto.
Otro ejemplo: podemos estar acalorados y sudorosos bien porque tengamos fiebre o porque sea un verano muy caluroso. En el primer caso está indicado tomar medicación para reducir la temperatura y ésta nos aliviará, pero en el caso de un tiempo caluroso es una tontería y a nadie se le ocurrirá tomar una aspirina para refrescarse. Habrá que aplicar otro tipo de medidas (ropas más ligeras, aire acondicionado, etc…).

Con el comportamiento de los niños sucede lo mismo: es un proceso complejo, cuyo resultado final depende de varias variables: el carácter del niño, su aprendizaje, la relación con diferentes miembros de la familia (a veces respetan a uno de los padres y no al otro…). Todas estas variables se suman para dar como resultado final las conductas concretas. El TADH es una variable más que interviene y puede interferir, de forma grave en muchas ocasiones con la capacidad del niño para realizar las actividades de su vida diaria, en un período especialmente sensible por producirse en él la adquisición y aprendizaje de todo tipo de habilidades cognitivas, sociales, culturales, académicas… y por eso su tratamiento consigue cambios importantes en la forma de comportarse del niño, pero será inútil dar un tratamiento para un trastorno que no está presente si el mal comportamiento se debe a otros factores como la falta de disciplina.

Matías Ybarzabal
Psiquiatra